Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de enero de 2012

¿ X igual a Y?

     No me gusta utilizar el blog para expresar ideas controvertidas. El objetivo que ha tenido desde el principio es otro. Pero quien me conoce, echará de menos mi parte más reivindicativa  y más en el tema que hoy me ocupa; viendo el título del post, ya os lo podéis imaginar: igualdad de género. Para empezar diré que no soy feminista, que me parece horroroso este concepto de supremacía femenina, al igual que me lo parece el machismo. Aclarado este punto, vayamos por partes:
Los conceptos: Sexo y género.
    Sexo: condición orgánica, genética, órganos sexuales. Diferenciación fisiológica, XX, XY, que todos comprendemos. Hombre o mujer. Se asume en el momento de la concepción.
    Género: concepto más ambiental, social, evolutivo,  maneras, formas de ser, estereotipos que se le atribuyen al sexo: masculino o femenino. Es mucho más psicosocial y se va adquiriendo a medida que nos vamos desarrollando, aunque algunos autores explican que el sexo determina también una carga de género importante. Yo, particularmente, pienso que el género tiene una parte muy pequeña, casi inexistente de innatismo y que es mucho más ambiental, social, mental, si quereis.
Diferencias: Evidentemente, existente y son muy bien recibidas por esta servidora. No voy a defender la igualdad desde un punto de vista biológico. Tenemos diferentes órganos, diferentes distribuciones hormonales. Y está muy bien que sea así. Ahora bien, en lo que se refiere al género…  Está por una parte la carga filogenética: la evolución del homo sapiens trazó  en nuestros cerebros una huella, cuando el hombre y la mujer se hicieron monógamos al darse cuenta de que para el cuidado y éxito de la reproducción era mucho más efectivo, se desarrollaron roles bien diferentes y complementarios que fueron determinando el desarrollo cerebral. En algunos estudios se parte de esta premisa. Tenemos funciones cerebrales diferentes y los investigadores se empeñan en ver cómo se activan unas partes u otras del cerebro según nuestro sexo y concluyen con ideas como la mujer tiene más desarrollado el área de broca, encargada del lenguaje; el hombre se orienta mejor, pues la parte del cerebro encargada de este menester se activa mucho más… y así, infinidad de conclusiones basadas en los colorines que se marcan en los TAC de los participantes. Como intuís por el tono, yo tengo varias críticas que hacerles a estos estudios:
-    En 10.000 años de evolución nuestro cerebro debe haberse adaptado ya a los requerimientos ambientales en los que nuestra especie se ha visto envuelta. No digo que yo haya vestigios  filogenéticos, de hecho así es, el coxis, la apéndice, las muelas del juicio, lo son y no sirven para nada, están ahí contándonos que procedemos de aquellos ancestros pero bien podemos vivir sin ellas.
-    La carga genética que tenemos al nacer, crea evidencias fisiológicas, de acuerdo: Un hombre con más carga de testosterona tendrá más activación en un área  del cerebro donde se genere las funciones propias de esa hormona, está bien, pero no creo  yo que determinen su comportamiento de tal manera que no puedan controlar estos efectos y se pongan a marcar las esquinas con orina.  La evolución social, ambiental, educacional harán que, el cerebro active también otras áreas de control de los impulsos para no actuar como aquellos sapiens dado que los requerimientos ambientales han cambiado bastante.
-    ¿Cuántos participantes usan para estos estudios? ¿Son muestras representativas o están sesgadas? ¿Cuántos resultados tienen que ser positivos para refutar la hipótesis? Es decir, si estamos haciendo un  estudio de estas características habrá que ver el nivel educacional de los participantes, su edad, su profesión, su contexto para determinar si influye o no en los resultados.  Y por supuesto el número. Si hago un estudio con 50 mujeres y 50 hombres, y 20 mujeres contestan adecuadamente a mi hipótesis, ¿vale esto para afirmarla y puedo con estos resultados extrapolar los datos a toda la población de mujeres mundiales? En ningún documental  que haya visto a este respecto explican las muestras. No te dicen el número de participantes ni su condición; cualquiera que sepa un poco sobre el método científico sabrá que el muestro es parte fundamental del mismo  y que si no es bueno, no se garantiza el éxito científico. Pero nada, nosotros no nos paramos a pensar en estas cosas, vemos un documental de un estudio que se realizó en una universidad americana y te sale el genetista fulanito del tal, que tiene un nombre muy pomposo y suena a experto y la neuropsicóloga menganita que parece saber cantidad del asunto y el neurólogo citanito, que no veas que aspecto serio con su bata blanca, y hala, que han concluido que el hombre se orienta mejor y la mujer está más dotada para la expresión verbal, y nosotros, verdad universal, que lo dicen los científicos americanos que son la leche y  a estos no se les puede discutir y , venga, ya está , vamos con nuestra pareja en el coche y mira, le pasamos el mapa al hombre porque las mujeres no nos orientamos que lo han dicho en un estudio y es el cumpleaños de un amigo, y que felicítalo tú,  que a las mujeres se os dan mejor estas cosas y habláis mejor , que lo sé porque lo he visto en un documental.
-    ¿Qué objetivo tienen estos estudios, para qué se hacen? Demos por hecho que están bien realizados y son fiables, alguno habrá, muy bien, concluimos que las mujeres hablan mejor y los hombres saben usar mejor un mapa… estupendo… ¿y? Sí estamos intentando crear una sociedad más justa, un sociedad de igualdad de oportunidades lo único que conseguimos es que nos sigan clasificando de manera diferente. Que una empresa, por ejemplo, se base en estos estudios para determinar sus procesos de selección, buscando para un puesto de relaciones públicas a una mujer y a un hombre como repartidor, ya nos están estigmatizando, tanto a nosotras como ellos. Y digo yo, ¿no sería mejor  centrarnos  en las similitudes que tenemos hombres y mujeres dado el peso de estos estudios?
      Bien, yo no digo que no haya diferencias  entre hombres y mujeres, es más, afirmo que las hay pero no tantas como para determinar nuestra funciones, nuestros trabajos, nuestros roles sociales y nuestra propia vida. Es cierto que hay cierta disposición genética, filogenética  y biológica que en, determinadas ocasiones, puede influenciarnos según seamos hombre o mujer, pero son simples predisposiciones; una persona puede igualmente tener predisposición a una enfermedad y no desarrollarla nunca si su ambiente es el adecuado. Cuando nacemos, nuestros padres de una manera inconsciente nos tratarán de manera diferente según nuestro sexo, darán por hecho condiciones propias para un hombre y una mujer; desde los colores con los que nos visten, los juguetes que nos compran y las tareas que se nos atribuirán. Queramos o no, los estereotipos van a determinar sobre manera, más que ninguna otra cosa, el roll que va asociado a nuestro sexo. Muchos años de evidente concepción diferenciada de roles, de machismo, entendido de manera diferente o con carga diferente en cada núcleo familiar, cargarán a nuestra espalda un sinfín de prejuicios que llevaremos a cuestas, queramos o no, en nuestro proceso vital. Dependerá de nosotros y nuestro propio camino, ir librándonos de esta carga a medida que nos desarrollemos. Aunque cada carga es diferente y no a todo el mundo le pesa igual, pero existe y todos la tenemos. Sin embargo, el ser humano no es solamente ambiental y genético, también tenemos el peso de cosas que aún no hemos podido determinar bien, con tantos estudios e investigadores sobresalientes encargados de la materia, aún sabemos muy poco de aquello que nos hace propiamente humanos. Explicados todos los conceptos educacionales y genéticos, vemos diferencias individuales, en por ejemplo, estudios transversales de gemelos, misma educación, misma genética y dos personas distintas… el alma, la mente,  nos determinan más que ninguna otra cosa y no hemos dado con ella ni sabemos muy bien cómo explicarlo. Curiosamente, son más las diferencias individuales que las que nos aportan nuestro sexo y género.  Y paradójicamente, la igualdad empieza por respetar estas diferencias individuales. Que una mujer sea, como norma general, menos fuerte que hombre, no implica que ninguna mujer pueda desarrollar trabajos que supongan más carga física; habrá que ver su desarrollo muscular, su fuerza para determinar si puede o no puede. Digo yo que hay mujeres fuertes al igual que hombres enquencles. A la inversa, que una mujer sea delicada, para desarrollar trabajos de estética, no implica que todas puedan desarrollarlo adecuadamente o que no haya hombres mejor capacitados para tal fin. Aunque, en ambos casos,  tendrán que aguantar etiquetas por no cumplir con lo esperado para su género, dígase el mariquita y la marimacho; pero qué injustos somos, por dios! Esto sigue pasando en nuestra sociedad evolucionada y esto es lo que no puedo soportar. Que se dé por hecho que por ser mujer u hombre tengamos que ser de una determinada forma, se nos den mejor unas cosas que otras y es verdad que históricamente hemos salido perdiendo las mujeres pero los hombres también tienen su cruz de género a cuestas…
    Miro a mi alrededor, aquí y allá y persisten los roles tradicionales, disfrazados en algunos casos, de modernidad y con pequeños matices que los hacen menos llamativos, (me gustaría decir que yo respeto la vida de cada uno y la libertad de elegir lo que cada uno o una decide hacer con su vida, cada cual que busque la felicidad a su modo). No es que me parezca mal que las mujeres se queden en casa, para mí es un trabajo como otro cualquiera que respeto y admiro; es una elección.  No es que esté en contra de la distribución tradicional de roles, si les va bien así y son felices, estupendo. Lo que no me parece bien es que se dé por hecho que es mejor así, que no hay otra manera o que las demás maneras de hacer las cosas no sea la adecuada, no sea la propia, no sea la que tiene que ser. Me sorprende que muchos conocidos no sepan cocinar, no por no saber sino porque asumen que no es propio de ellos hacerlo; me sorprende que muchas sean las que se encarguen en exclusiva de los hijos, llevarlos al médico, ir a las reuniones del colegio, no porque lo hagan sino porque te dicen que los hombres no lo hacen igual porque los hijos son de las madres. Me sorprende que me lleguen comentando todavía que se han tenido que pasar el fin de semana limpiando la cocina porque a su pareja se le ocurrió hacer algo en la cocina y lo dejó todo manga por hombro, porque los hombres son un desastre. Y me sorprende sentirme un bicho raro la mayoría de las veces, que me cueste más encontrar a alguien que piense como yo y actúe como yo, que lo contrario. Y yo que me considero un mujer super normal y que he pensado siempre que la mayoría de la gente de mi generación pensarían como yo, resulta que me siento en muchas ocasiones diferente, que me callo muchas veces por no causar conflictos y que me veo a mí misma reflejada en los otros, como un ser equivocado en sus conceptos… y no os digo nada cuando hablo de temas más controvertidos como el sexo…. Ufff, entonces  y, seré sutil,  me siento como una cortesana… ¿Disimulan de cara al escaparate porque todavía les cuestas romper las cadenas sociales y los roles que se les asumen o realmente piensan y son así? ¿Soy yo la equivocada y es mejor asumir los estereotipos que se nos suponen para ser felices? ¿Hemos evolucionado algo o es todo una apariencia? ¿Hacia qué modelos educacionales nos estamos dirigiendo, cómo vamos a educar a nuestros hijos? Es verdad que quizás sea un poco exagerada, conozco gente también que piensa y siente como yo, pero son los menos y las menos.  Es curioso y me siento aliviada en parte, de que la mayoría de la veces en que me puedo expresar sin miedo a ser juzgada en exceso, que bueno, tampoco es que me importe ser juzgada demasiado, pero en fin, en las ocasiones en que más cómoda me siento, es precisamente hablando con mis amigos hombres. No voy a caer en enjuiciar a las mujeres de mi generación, estén o no en contra de esto, como digo, cada uno es libre de vivir y hacer su vida como quieran, sin embargo, me parece que  tal vez, y digo, tal vez, hayamos caído en el defecto de posicionarnos en una situación laboriosa pero cómoda… aún con las exigencias que la sociedad le supone a las mujeres, madres, trabajadoras, perfecta condición física (siempre depiladas, flacas, maquilladas, bien peinadas), debe ser más ventajoso asumir estos requerimientos que luchar todo el día en contra de los determinado y beneficiarnos de lo positivo del roll. El caso es que la mayoría de parejas que conozco que funcionan así, funcionan muy bien y son felices, o por lo menos, aparentemente. Ahora sí, cuando se crean corrillos de mujeres u hombres los escucha quejarse en direcciones opuestas, que si fulanito no hace nada, que si siempre tengo que ser yo la que esté pendiente de esto o de lo otro… que sí menganita quiere ir a comprar ropa y es un rollo, que sí tiene que estar todo ordenado en la casa y es una tiquismiquis… pero bueno, ¿en qué quedamos?  Una vez más usamos temas recurrentes de género para abrir conversación. Ay, lo que nos queda por andar todavía!!!  Sigue siendo peor ser desordenada en una mujer que un hombre, un hombre que no trabaje fuera de casa, sigue estando mal visto, un hombre sensible, que le guste el arte, la literatura, arreglarse, sigue siendo un afeminado o daremos por hecho que es gay, una mujer liberada sexualmente, sigue siendo una fresca; las mujeres seguimos sin cobrar igual que los hombres en los mismos puestos de trabajo, abandonamos los puestos a favor de la educación de nuestros hijos; los hombres siguen aguantándose para no llorar en público, se siguen haciendo campañas de discriminación positiva y paridad , porque sigue siendo noticia que una mujer llegue al gobierno, o liderar un multinacional; siguen entrevistando a hombres matrones  en los hospitales para que nos cuenten cómo es su trabajo eminentemente femenino…. En fin, a mí me molestan y me parecen tremendamente injustas estas cosas porque sigo pensando que una persona primero es persona, y después todo lo demás y creo que la igualdad de derechos y deberes ( por supuesto, para pedir derechos primero hay que asumir los deberes) debe ser fundamental en una sociedad que se considera evolucionada, la igualdad por ser personas no por ser hombre o mujer.


sábado, 17 de diciembre de 2011

Los cuatro elementos.


Me gusta teorizar sobre las cosas comunes.  Los humanos, esta rara especie que somos, solemos hacerlo a menudo. Nuestro cerebro,  que nos distingue de otros animales, nos hace plantearnos y analizar, para bien y para mal, las cosas más cotidianas. Esto no está exento de problemas; tal vez  pensamos de más y nos dejamos llevar poco. En mi caso, esta tendencia analítica se agudiza bastante; tengo teorías para casi todo, no puedo evitarlo y he de decir que me gusta hacerlo, aunque no me valga para mucho: la mayoría de las veces, puedo explicar, con enrevesados argumentos, algunas cuestiones,  no obstante, esto no me lleva a solucionar los problemas que estas cuestiones me pueden acarrear. Sólo me vale para aburrir a propios y extraños con mil explicaciones, sin ningún peso científico de cómo veo yo el mundo. Todos lo hacemos o ¿no? El caso es que hoy me toca exponer una de estas teorías. Y sí, otra vez va del amor… ¡mira que no me gusta  ser típica  y cumplir con los tópicos! O sea, que en mi defensa diré que es un tema universal que inunda todas las cosas y sí, vale, está bien, es un recurso sencillo con mucha miga. Pues bien, yo pienso que el amor está compuesto de cuatro elementos: alma, corazón, cuerpo y razón. Cuando nos enamoramos de alguien están presentes, en un porcentaje diferente,  cada uno de estos elementos y según la etapa de la vida en la que estemos, unos pesan más que otros. Todos tenemos una proporción ideal de estos elementos, el amor perfecto (que no existe) no tiene por qué ser un 25% de cada. Según lo que busquemos, lo que nos complemente, para cada cual, tendrá más peso específico unas cosas u otras;  Se puede querer de igual manera con cada uno de los elementos, ninguno tiene más cualidad de amor, es decir, querer con el alma no es menos importante que con el corazón, la razón o el cuerpo. Porque todos los elementos son importantes: Alma, es cuando compartes con alguien gustos, aficiones, maneras de ver el mundo, cuando os emocionan las mismas cosas, cuando la otra persona no necesita decirte nada porque tú ya sabes lo que va a decir y viceversa, cuando te conocen tanto que todo es sencillo. Este tipo de amor es muy típico de los amigos y la familia. Corazón, quizás, es lo que todos entendemos enseguida por amor, sentir que quieres tener a alguien cerca,  que no le pase nada, preocuparte por si está feliz y tú eres capaz de hacerle feliz, típico del amor romántico. Cuerpo, en fin… evidente, deseo sexual, atracción física, hormonas revueltas, propio de los amantes. Razón, saber que alguien te conviene,  que no te va a dar problemas, si queréis, más egoísta que los demás elementos, más interesado, no seamos  demasiado idealistas, también tiene su peso, queramos o no.
Bien, los elementos están íntimamente relacionados, siempre, aunque tenga más peso algunos elementos, tiene que haber algo de los otros. Cuando se quiere con el alma, por ahí anda también el corazón.  Pero aquí vienen los problemas.  A veces, según cómo seamos, le damos más relevancia a unos porcentajes que a otros. Puede pasar que queramos mucho alguien con el corazón y sin embargo, tener muy poco de alma, es decir no compartir nada con esa persona, tener aficiones diferentes, llevaros, incluso mal y no comprenderos, y, aún así, no poder evitar sentir un irremediable corazón hacia él o ella. O puede pasar que tú razón te diga a voces: - esta persona no te conviene- por cualquier razón, valga la redundancia, que no encaje con tus preceptos. En fin, miles de combinaciones posibles de estos cuatro elementos que nos pueden complicar la vida amorosa, o peor, que tú sientas un equilibrio total de amor de estos elementos  por una persona y que el susodicho o susodicha sienta por ti un equilibrio totalmente diferente, por ejemplo, algo de alma, un poquito de corazón, un pellizco de razón y un total de cuerpo, o al revés. O que ambos amores estés bien equilibrados en proporciones distintas. Y es que, es muy, muy difícil encontrar a alguien para depositar tu equilibrio ideal de porcentajes y si le encuentras, afortunado seas, más difícil será aún que ambos equilibrios estén igualados en el mismo sentido. De ahí que el amor nos dé tantos disgustos, todos somos distintos y hacemos nuestras receta de manera diferente. Para mí, cuanto más se acerquen estas fórmulas, mejor será una relación. Tendremos que ir sopesando con el paso del tiempo y el conocimiento mutuo, estas operaciones que hacemos de manera inconsciente. Con el paso del tiempo pueden ir cambiando los porcentajes y indiscutiblemente, hay que trabajar para poner la balanza en un lugar concreto y el trabajo debe ser conjunto. Difícil, ¿verdad? Podemos encontrar trabas en cada uno de los elementos que componen la temática del amor, no sólo en el porcentaje y sus medidas, su reparto, también en que el otro no aporte al trabajo conjunto del equilibrio lo mismo que tú, que sus porcentajes no hayan cambiado con el paso del tiempo o que simplemente, no sepa o no quiera equilibrarse contigo. O puede pasar que, de repente, tu fórmula se vaya al carajo y se desencaje así de pronto. Se puede explicar también con esta estúpida teoría mía, como, por ejemplo, se pueden querer varias personas a la vez, sí, sí, a varias,  algunos no estaréis de acuerdo, lógico, está sociedad nos impone un único camino bueno de hacer las cosas y estamos dominados por las normas y maneras protocolarias y socialmente aceptadas de actuar, pero eso no quiere decir que no pase, y de hecho, pasa. Puedes querer a alguien un 30% de alma, un 50% de corazón, un 10% de cuerpo y un 10% de razón y a otra persona, un 10% de alma, un 40% de corazón, 40% de cuerpo y un 10% de razón y los dos son amor, como digo para mí, no existe un equilibrio ideal universal para todo el mundo, cada uno tiene su propio equilibrio. Así, tú decides qué te pesa más, si el alma, el cuerpo, el corazón o la razón y eliges en consecuencia y te esfuerzas para llegar a tu propia armonía.  Y siguiendo con las explicaciones, las rupturas serían, o bien, un cambio de porcentajes que no te encaja nada en tu divina proporción, dado por el tiempo, por el aburrimiento, o por mil circunstancias varias, o bien, un cambio de interés, aun conservando los porcentajes que te llevaron a estar con esa persona, en el peso específico de algún elemento. El 80% de cuerpo que antes de llevó a idolatrar a alguien, ahora no tiene tanto valor, y sin dejar de ser ese 80% empiezas a necesitar más porcentaje en otros elementos. Lo malo es que, cuando una relación acaba, los porcentajes no desaparecen y el contador se queda a cero. A veces sí, (muy pocas), otras, van disminuyendo con el tiempo y otras, permanecen siempre, aunque ya para uno no tengan el mismo valor y no le des apenas importancia, ahí están, lo que ocurre es que andas atareada con otras sumas, restas y multiplicaciones más interesantes. De todas formas, como somos terriblemente inestables, corremos el riesgo de caer una y mil veces en operaciones que ya hemos probado y que no nos fueron idóneas y con toda seguridad, repetiremos matemáticas una vez más en nuestro afán de buscar la ponderación perfecta.
Todos sabemos de esto un rato, y todos, siguiendo con mi metáfora, podríamos hacer un compendio pitagórico sobre nuestras relaciones. Lástima que el amor no sea una ciencia pura, lástima que no podamos llevar una calculadora y un libro de cuentas para sacar la cifra más idónea. Bueno, lástima no, es una manera irónica de hablar, afortunadamente no somos matemáticos expertos y podemos llorar, equivocarnos, caernos, levantarnos, regocijarnos, maldecir, algunas veces, aprender y sobre todo, amar sin tantos números y fórmulas de por medio, esto es sólo una teoría liosa y liante de las mías,  que no me ha solucionado nada,  por eso, aquí sigo, intentando proporcionar mis elementos.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El equilibrio.

En cierta ocasión, dando un curso, les puse un ejercicio a mis alumnos. Consistía en rellenar un folio por ambas caras sobre quiénes eran cada uno de ellos. Tenían una hora para reflexionar un poco sobre ellos mismo y cumplir con su cometido. Acabado el tiempo y, cumpliendo con mis expectativas, pocos fueron los que pudieron llenar, si quiera, medio folio, y los que consiguieron completar una de las caras, fue porque incidieron en detalles sin importancia que sólo contaban hechos sin matices que no decían más que eso. A la hora de nombrarse con adjetivos, aparecían bastantes apelativos negativos, camuflados para que no parecieran tan malos y pocos buenos, adornados en el contexto, para no parecer soberbios. Todos hicieron una descripción muy somera sobre sus personalidades, haciendo más bien hincapié en “quedar bien con los compañeros” pues una de las instrucciones dadas fue que el ejercicio se leería en voz alta. Lo que mis alumnos no sabían era el verdadero objetivo de esta actividad. Era un ejercicio de autoestima que tenía como principal misión hacerles ver cuál es el conocimiento que tenemos de nosotros mismos y hasta qué punto nos importa la opinión y el criterio de los demás, tanto que no somos capaces de ser honrados con nosotros mismos.  ¿Cómo es posible que no seamos capaces de escribir un solo folio contando quiénes somos, si convivimos con nosotros mismos todos los días? A todos le costó una barbaridad terminar con la actividad y a todos les costó igual hablar sobre sus cosas positivas y sus propias virtudes. No me extraña, por otra parte, que así sea. Vivimos en una sociedad capaz de alegrarse más por el fracaso ajeno que por el triunfo propio. Nos compadecemos del que habla abiertamente de sus defectos, del que se justifica por hacer algo mal, porque, por ejemplo, es un patoso. Lo justificamos nosotros también, porque no nos gusta maltratar a nadie porque sea, siguiendo con el ejemplo, patoso y al final, terminamos intentando ayudarle o si, se lo monta bien, haciendo el trabajo por él, porque, el pobre, es patoso. Al contrario,  pobre de aquel, que hable abiertamente de sus cualidades, que hable de lo bien que se le da hacer algo  o comente que es bueno para una determinada tarea, entonces,  que se olvide ya de recibir alguna ayuda, de esperar que alguien se compadezca de un error; la gente va a dar por hecho que esa persona es un prepotente engreído que no merece más que le salgan las cosas mal para que no sea tan soberbio. Quizás esté exagerando, pero en líneas generales, es así. Fijaos sino, en dos figuras del futbol. Aunque no entiendo mucho de esta cuestión, creo que Cristiano Ronaldo y  Leo Messi, tienen números parecidos en cuanto a goles, y ya sé, que, según de qué equipo seas, unos dirán quién es mejor que el otro, pero los datos son los datos, y andan bastante igualados.  Me consta, que el primero cae, o eso creo, por los comentarios que oigo, peor que el otro. Y esto debe ser, entre otras razones particulares de cada uno, que Cr7, o como quiera que le llamen, así de pronto y por los comentarios que le he oído, parece mucho más chulo que Messi. Es verdad, que la humildad y la sencillez es un grado, una virtud encomiable de las que pocos pueden presumir, más que nada, porque si presumen de sencillez y humildad es que no lo son mucho. Pero para mí, es mucho peor la falsa modestia que la soberbia. La autoestima tiene mucho que ver con esto. Saber que para algo somos buenos y reconocerlo no tiene nada de malo si sabemos también que siempre se puede ser mejor, cometer errores y que puede haber alguien que te supere. Al igual, saber reconocer nuestros defectos, entendiendo, de la misma manera, que se pueden mejorar, que no por esto somos lo peor de mundo y que debemos querernos y saber perdonarnos de igual forma. Una persona equilibrada te dirá, si se le da bien la cocina, que le gusta cocinar y lo hace bien, que quiere seguir aprendiendo y aceptará, de buen grado, cualquier sugerencia que le ayude a mejorar. Un soberbio y prepotente, te dirá que es el mejor cocinero del mundo que no hay nada que pueda hacer para mejorar su don. Y un falso modesto te dirá: - mirad este plato que me he pasado haciendo  5 horas, es una reducción de Módena con geleé de mango a baja temperatura, sal del Himalaya, con lo huevos blanqueados, no batidos… se me ha quemado un poco porque el horno está mal, y a lo mejor está salado, porque la sal  tan exclusiva que uso, sala mucho, pero no me alabéis por ello, son tan buenas materias primas que cualquiera, a nada que sepa un poquito cocinar, lo haría igual de maravillosamente que yo-. El soberbio ignora que tiene limitaciones, y piensa, como ignorante al fin, equivocado en su propio desconocimiento, que es el mejor. El tiempo se encarga de ponerle en su sitio, casi siempre. Pero el falso modesto… sabe de sus limitaciones pero las esconde disfrazadas de otra cosa, para aprovecharse de una virtud de la que carece y obtener igual el beneplácito del otro, no tanto por la supuesta cualidad, en este caso, la cocina, sino más bien, por su inferida modestia. Si no es tan buen cocinero como espera de él mismo, igualmente será alabado por su esfuerzo y porque, el pobre, ¡qué modesto es! Para mí es mucho peor, y me fió mucho más de alguien, que habiendo demostrado su valía, es capaz de reconocerla porque si es así, también será capaz de reconocer sus propios defectos, que como ya sabemos, de ambas cosas, tenemos todos.
  Nuestro equilibrio depende de nosotros mismo, de lo que seamos capaces de conocernos y querernos. Negar que los demás nos importen es vivir de espaldas a lo que somos. Claro que nos importa lo que piensen todos los que nos rodean pero esto no puede en, ningún caso, mediatizar lo que nosotros pensamos sobre nosotros mismos. La opinión de los demás sólo depende de ellos. Yo me aplico una teoría que me funciona muy bien y me ha evitado más de un sufrimiento. Caer bien o mal, no depende tanto de mí sino del que me mira, porque el que me mira tendrá ciertas características que valora más que otras, y de la misma manera que le pueden parecer interesantes en mí algunas cosas, otras le pueden parecer detestables y no es problema mío para nada, ni del otro, simplemente es que cada uno somos de maneras distintas, ni peor ni mejor, y valoramos las cosas de maneras diferentes. Si para alguien soy estúpida, lo seré desde su punto de vista, y desde su punto de vista también tendrá sus propias razones para creerlo así, igual de importantes que las mías para no creerlo. E intento reconocer mis virtudes, compartirlas y mejorarlas, corregir mis defectos y perdonarme por ellos. Intento mejorar cada día, aunque para mí mejorar, no tiene que ser lo mismo que para otro, y sé que mis defectos a alguien no le tienen por qué parecer tan malos como lo son para mí o mis virtudes tan buenas como yo las veo, y así, voy viviendo, intentando guardar el equilibrio entre lo que yo pienso de mí, lo que los demás piensan y lo que yo pienso que piensan los demás.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Ser y estar.


Estoy en mil lugares y de ninguno soy. Paso como el viento, arrasando la calma y apaciguando tempestades;  mas no permanezco al tiempo. Sólo soy de un sitio al que me agarro para no perderme, al que vuelvo siempre para encontrarme, para que los verbos ser y estar se reconcilien. Allí estoy y soy al mismo tiempo, allí, en un paraíso cercano donde no se finge y se es quién eres, allí en aquel lugar que me abraza y me cobija con su calidez perpetua y el suave frio que calma el calor más sofocante.
                He querido ser y no estar; tantas veces como he amado, he querido ser, pero sólo he estado. Y me he esforzado por encontrar un nuevo sitio en el que ser, en crear una nueva esencia de mi misma, completada por otro que le dé valor e importancia a la insignificancia mísera de mi propia esencia en la inmensidad de tantos entes. Y aunque a veces he creído formar parte de un nuevo lugar, inventado y realizado a medida para mí, un lugar que no sea allí, un lugar aquí, he encontrado que quedan cosas por decir, que el alma se resiente al dejarse doblegar del todo, que el corazón ha estado dispuesto tantas veces a ser, que ahora se conforma con estar. Porque los demás sólo han estado cuando yo he querido ser, porque mi alma ha aprendido que es mucha renuncia darse y mostrarse del todo , aunque lo sigue intentando, no consigue otra alma que la quiera escuchar, que la vea tal cual es, que encuentre de, un solo golpe de vista, toda su existencia. Aunque entre tanto juego verbal de nuestro precioso idioma he comprendido la importancia del estar. Sólo se es de un sitio al que todos volvemos cuando otros seres ya no nos dejan estar. Queremos ser pero estamos porque los seres no pueden dejar de ser lo que son para convertirse en otra cosa. La almas son difíciles de mostrar porque no están, sólo son y estando, somos, sin darnos cuenta, parte también del otro, aunque el otro no quiera ser y no se muestre del todo. Estoy  en el mundo y sé quién soy.   ¿ Es suficiente?

domingo, 16 de octubre de 2011

Me conformo.

Conformismo: Práctica de quien fácilmente se adapta a cualquier circunstancia de carácter público o privado.
Conforme: Satisfecho, feliz, resignado.
Resignación: Conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades.
Mi vida está bien. Trabajo en una empresa, desde hace 9 años, que no ha notado demasiado la crisis. Tengo contrato indefinido y estoy contratada por lo que estudié. No soy mileurista; aunque a mí me parece un sueldo normalito, comparado con la situación actual, no está mal. Vivo de alquiler, no tengo grandes deudas, ni coche, ni hijos. No tengo hipoteca, ni letras que pagar. No viajo tanto como quisiera, pero mis vacaciones siempre me llevan a coger un avión. Tengo pareja estable, amigos que me quieren y a los que quiero, mi gente está bien de salud y yo también. Muy de vez en cuando, puedo darme algún capricho. Tengo unos padres maravillosos que me apoyan y ayudan siempre; una familia política muy buena con la que me llevo fenomenal. Tengo para comer, para vestirme, para divertirme algo…en fin, quejarme sería demasiado egoísta por mi parte, mi vida está bien. Estoy conforme, resignada, que por mucho que diga el diccionario, no sé si es lo mismo que estar satisfecha y feliz. Lo siento por los que están peor que yo, sé que hay muchos…voy a quejarme. Me siento apática, no me gusta para nada la palabra resignada. He visto a mis padres luchar cada día y los he escuchado decir y decirme, igual que a mis mejores amigos: - No te conformes. Para mí, quería otros atributos, el conformismo, tal y como lo veo, me parece incompatible con la idea que tenía para mi vida, años atrás. Es cierto que esta palabra también lleva implícito, un matiz de adaptabilidad, con el que sí me identifico, ya que, en general, me considero una persona capaz de disfrutar con lo que la vida me va dando. En lo que no estoy de acuerdo es en que la vida nos dé nada; más bien pienso, que la vida está esperando a darte lo que cada uno sea capaz de conseguir. Me veo dentro de un sector de la población que critico: mi generación, españolitos de a pie, de 30 y pico, nacidos con la Democracia y el Estado del Bienestar, formados en universidades que probaban nuevos planes de estudio. Dicen que no lo hemos tenido fácil, pero yo no lo creo, me parece que lo hemos tenido demasiado fácil y que tenían demasiado expectativas con nosotros. Y nosotros, formados, lectores, conocedores de la música, el teatro, los viajes, los idiomas y la informática… hemos ido creciendo a la sombra de nuestros padres, empeñados en que fuéramos licenciados, en colocarnos como funcionarios, en asegurarnos un buen sueldo fijo y comprarnos una casa. Pusieron en nosotros la responsabilidad de hacer lo que ellos no pudieron, lo tuvieron más difícil que nosotros, pero consiguieron mucho más. Mi padre nunca estudió una carrera universitaria pero siempre tuvo un sueldo infinitamente más alto que el mío, para poder pagarme la carrera, los caprichos, las salidas nocturnas y viajes que él nunca tuvo. Mi madre nunca trabajó fuera de casa, antes de casarse sí, para tenerme la ropa lista, la comida hecha, para que yo saliera, me divirtiera con 20 y pico, cosa que ella nunca hizo, porque ya era madre. Los dos, me escuchaban y aconsejaban, me escuchan y me aconsejan, sobre novios, viajes, trabajo, diversiones que ellos nunca tuvieron para que yo pudiera tenerlos. Tienen casa propia, negocio propio, coches propios que yo todavía no tengo, a pesar del esfuerzo que han hecho… pero tengo una vida mucho más cómoda de la que ellos tuvieron; una vida mucho más cómoda, pero no sé si más feliz. Hemos crecido con la esperanza de que podíamos hacer algo grande, de que teníamos a nuestro servicio el mundo entero. Pero no insertaron en nuestro ánimo, ni nuestros padres, ni “papito Estado”, que algo podría ir mal, que nuestros sueldos no iban a ser tan buenos como pensábamos, que una crisis se acercaba acechando nuestros altos sueños; no, no nos animaron a emprender nuestras propias empresas, nos animaron a tener sueldos fijos, a ser funcionarios estables y aburridos, a tener un pisito, un cochecito, algún viaje y un status social acorde a nuestra formación, a vivir de cara al escaparate social, a fingir que nuestra vida es genial, (no hay nada más que mirar las fotos del facebook)… Tengo un trabajo estable de lo mío, trabajo que no me gusta nada, que me hace sentir frustrada y, a veces, absurda malgastando mi inteligencia, sé que podría dar mucho más, sé que podría tener algo mucho mejor por el mismo sueldo… ¿pero cómo voy a dejar algo fijo en estos tiempos que corren? Después de todo, no está tan mal. (Me digo a mí misma, con mi habitual conformismo) No quiero posesiones, ahora con lo de esta famosa crisis, me siento totalmente afortunada de que la hipoteca no me asfixie, no quiero casarme, ni tener hijos aún. Pero por la presión social,  que hasta hace un tiempo me agobiaba, parecía que era propio de mi edad tener ya alguna posesión, plantearme la descendencia, un estatus más aceptable. Lo único que quiero es tener una vida acorde a mis expectativas que no eran, ni nunca ha sido lo que ha marcado para mí la sociedad, no quiero ser una conformista amorfa en un mundo de apariencias; pero ahora mismo, lo soy y no me gusta. No quiero que mi vida esté bien, quiero que mi vida sea excelente. Conozco gente que ha roto con todo y con todos, con una vida que les agobiaba, con una rutina tortuosa. Estaban conformes, resignados, metidos en un círculo de bienestar aparente, pero estaban grises, apagados, opacos, dejándose llevar por un ritmo que no era suyo. Rompieron con el escaparate que les envolvía y ahora están llenos de color, felices, satisfechos, menos cómodos, sí, pero llenos del fulgor que da disfrutar de la vida. Me quejo porque no hago más que caminar al son que mi entorno me va marcando y porque no tengo el valor suficiente como para romper con todo lo que no me gusta, porque me da miedo  perder mi sutil estabilidad. Me conformo pero no estoy satisfecha…y quiero estarlo de una vez. Veo españoles por el mundo, y me lleno de envidia… veo reportajes de viajes  y me quiero hacer fotógrafa del National Geographic, estudiar piano, plantar un huerto, hacer mi propio pan, preparar cenas y fiestas en mi jardín de ensueño para mis amigos, de mil lugares distintos del mundo. Bucear en aguas del mar Rojo o el Caribe, montar en globo, perseguir una tormenta, pintar cuadros, nadar con delfines, emborracharme en la noche de Berlín, vivir una temporada en el Soho de New York, componer canciones a guitarra, comprarme un telescopio para mirar las estrellas, escribir libros, irme de cooperante a África, crear una asociación cultural que anime a los jóvenes en mi pequeño pueblo, navegar en barco, crear un programa revolucionario que ayude a mejorar alguna enfermedad, abrir un restaurante, hacer el amor en mil lugares diferentes del mundo, recorrer Europa en tren, hacer un crucero fluvial por Francia, montar una empresita cualquiera relacionada con lo que me gusta. Disfrutar de la naturaleza, del mar, de mi familia todo lo que pueda, ser feliz, no conformarme. Pensareis que tengo unos sueños un tanto idealistas, que soy una inmadura… pero estas son las cosas que realmente quiero hacer. No sé si seré valiente y me quedaré apaciguada en mi tranquila vida bien de conformismo. Sé que algunos compartís sueños conmigo aunque no lo digáis, aunque no os atreváis a soñar porque vuestra estabilidad cómoda os lo impide; yo soy una más pero me gustaría luchar por conseguir que mi vida sea como yo quiero y romper  con fuerza mi círculo de conformismo. ¿Por qué no? Ya os iré contando…

domingo, 11 de septiembre de 2011

Gracias a Dios.

Soy creyente, creo en el ser humano. No practico ninguna religión, pero leo sobre muchas de ellas porque me interesan como fenómeno de estudio  y porque creo que tienen mucha influencia en este mundo donde vivimos. Me apasiona el método dialéctico del Talmud para estudiar e interpretar la Torah, el Pentateuco judío; el misticismo de la Cábala. La cultura sabia del Islam, su arte, las danzas y músicas sufíes; la hospitalidad de sus pueblos. La búsqueda de la sabiduría y la paz, el respeto por todos los seres humanos y la naturaleza del Budismo. Los iconos ortodoxos; el arte sacro y eso de amar al prójimo del Catolicismo… Cada una de las religiones que conozco de las que he leído algo, tienen algún punto positivo que destacar.
Como he dicho, no soy practicante y me considero básicamente arreligiosa, aunque espiritual y creyente. Creo en “algo” que no puedo definir, en algo superior a nuestro entendimiento, en algo que no se puede nombrar porque no sé qué nombre ponerle. Aunque la mayoría de las cosas que nos sorprenden pueden explicarse a través de la ciencia, hay cosas que no llegaremos nunca a entender, afortunadamente. Compasión, amor, belleza, sensibilidad, para mí, tienen una gran carga de espiritualidad; siento a veces, la presencia de ese algo en muchas cosas, a pesar de que, en todas ellas influya de una manera u otra, neurotransmisores y procesos electroquímicos. La fe se puede definir como creer en “algo” que no se puede ver, y,  por supuesto, es totalmente poderosa. Como no sabemos, a ciencia cierta, si  en lo que creemos es cierto, aunque pensemos, sin ninguna duda que lo es, no hay ninguna razón para pensar que una creencia es más poderosa o más auténtica que otra. Para cada cual,  su “dios” es el único y verdadero al margen de datos y pruebas históricas y científicas que puedan sustentar o no algunas fundamentos religiosos. Por eso, respeto profundamente cualquier fe, por muy distinta que sea a la mía,  porque se siente muy adentro y como algo muy real, profundo y verdadero, porque sé, que para cualquiera, sus creencias y manifestaciones son tan verdaderas y auténticas como las mías, aunque yo no tenga ninguna religión de cabecera. Cuando veo en algún documental, expresiones de la fe de otros países lejanos, en ocasiones, me quedo asombrada por la particularidad y excentricidad de alguna de ellas: hombres que se cuelgan de unos palos a través de unas cuerdas que terminan en unos ganchos como enormes anzuelos de acero que atraviesan sus pieles; peregrinaciones increíbles con miles de seres vestidos de blanco alrededor de un pequeño templo; hombres que mueven sus cabezas arriba y abajo, una y otra vez, mientras rezan mirando a un muro de piedra, personas que encajan sus súplicas y peticiones en los huecos que hay entre los ladrillos amarillos de lo que queda de un antiguo, antiguo palacio… en fin, miles de cosas que, en principio, sin mirar más allá, pudieran parecer ilógicas; mas analizo los ritos propios de la cultura en la que me crié y me sorprendo al ver que son, en un mismo momento, igual de excéntricas y sorprendentes, lo que ocurre es que en este caso, se me hacen menos extrañas porque las conozco desde niña y me las han explicado: personas que cargan sobre sus hombros estatuas y símbolos de madera paseándolos por las calles de los pueblos o ciudades; hombres que fustigan sus espaldas desnudas con látigos punzantes; miles de seres humanos que se agrupan en un determinado lugar para escuchar lo que tiene que decir un hombre vestido de blanco al que todos reconocen como el emisario de Dios en la tierra, el testigo de la primera iglesia… En fin, sorprendentes de igual manera. Al analizarlo, me digo: - ¿Quién soy yo para criticar y poner en tela de juicio otras religiones, sus creencias y su cultura? ¿Con qué prepotencia puedo creerme mejor o pueden ser mis ideas y manifestaciones más verdaderas que otras sino puedo argumentarlo al igual que los demás tampoco pueden?-  Es bastante sencillo de entender que si mi cultura, eminentemente católica, tiene cosas, que descontextualizadas, pueden parecer excéntricas a algunos ojos, a otras culturas, impregnadas de otras religiones, les pueda pasar exactamente lo mismo. No entiendo, entonces, por qué las religiones, compendio de ciertas creencias y premisas de la fe que regulan el comportamiento de los hombres con un espiritual objetivo, traen al mundo tanta guerra, tanta lucha, tanto dolor, y sí, ya sé, que no son las religiones, son los hombres que las apoyan, los que han matado y siguen haciéndolo, por todos los bandos, en nombre de sus creencias. No soy tan tonta como para pensar que el problema de algunas guerras actuales, sólo se deriva en las religiones. A veces, se han convertido en una excusa excelente para luchar por poderes económicos, geográficos (que son, al final, económicos también)…etc. Pero estos motivos sólo  interesan a los más altos representantes. Los que mueren en las calles, lo hacen en nombre de la fe, o en nombre de su cultura, o de una bandera, no en nombre del oro negro y del poder político, y esto, a los de arriba, que no suelen verse involucrados en masacres colectivas, les viene muy bien para conseguir ciertos objetivos. No creo, sinceramente, que haya buenos y malos, vencedores y vencidos, pienso que  con tanta falta de entendimiento, tanta avaricia, hemos perdido todos. Pensando antropomórficamente, me imagino a ese ser superior, allá arriba sentado en un butacón de terciopelo rojo, mirando hacia abajo con las manos en la cabeza mientras grita:-  ¡pero, ¿qué estáis haciendo, por qué todos queréis tener la razón, si yo no me llamo ni Alá, ni Dios, ni Yahvé y al mismo tiempo tengo los tres nombres, si ninguno tenéis razón y la tenéis todos, por qué seguís empeñados en hablar en mi nombre?!- Y dicho esto, lo veo levantándose, moviendo la cabeza a un lado y a otro con desaprobación, y marchándose decepcionado con la humanidad, como si nos abandonara a nuestra suerte, como si no hubiera nada más que hacer por nosotros. Claro, esta es una imagen que no puedo demostrar, influenciada por mi cultura y la religión que la envuelve; pero si este ser superior existe y está de nuestro lado, de lado de cualquier ser de este mundo, sin duda creo, que se ha cansado ya de mediar entre nosotros; pese a todo, soy optimista y aún lo podemos encontrar en muchas cosas buenas de todas las culturas, de todas las religiones.
No quiero entrar a considerar o puntualizar las coas negativas que, al margen de creencias, atentan contra los Derechos Humanos, y reitero, que de esto hay una larga lista en todas las confesiones. Sé que este análisis  pudiera ser mucho más profundo de lo que es porque sólo estoy haciendo un “boceto” somero del asunto y, sé, que a algunos les podrá hasta parecer blasfemo el hecho de que yo considere y mida con la misma vara, a todos los “dioses” del planeta. Pero es mi opinión sobre un tema demasiado polémico en el que es muy difícil, visto lo visto, llegar a una única conclusión. Tampoco lo pretendo. Sólo sé que el respeto, la empatía y la comprensión sería un primer paso  que todavía, parece, no estamos dispuestos a dar.